30.12.11

Tiempo otra vez

El tiempo, el injusto.
Tiempo de estar y de no estar.
Tiempo otra vez.

Por mis venas (nuestras) corre tiempo. Es río de sangre que late y retumba en la aguja.
La sangre es tiempo adentro.
Estos ojitos ven todo y no pueden olvidar el tiempo.
De ellos no sale nada, no hay aliento de ellos.
Estos ojitos, ojos míos, son membranas, de tiempo, mundo, sangre.


Sólo dame tiempo. Un poco más.
(No hay manera de re-escribir esto)

¡Y esas tardes en la ventana de mami, con sus persianas, viendo los autos pasar (el mundo) por la 25 de mayo!

Dame aquél que no viene.
Queda él, y lo veo, una caricia detrás de los ojos.
O, si no, ¿para qué está uno allí parado, membranas abiertas? ¿Para qué aprendió uno a mirar? A mirar y escribir calor de tiempo para la sangre, calor que llega con los recuerdos.

Poco tiempo antes (¿poco?), lo que soy, completo, estuvo en mí. Pudo entrar en mí, y estuvo. Y es doscientas veces más difícil sobrellevar el ser, completo, en la conciencia de la sangre, detrás de los ojos, que en el aire que hace a la mente volar.

Hoy no. Otro día. Déjenme así por hoy.

29.12.11

El valor de las cosas

Una lágrima y un billete de cien dólares.
Una lágrima, una cosa, mil yenes, y la lágrima es humana y puede mojar.


Desde el cuerpo, una cosa, desde el ojo, una lágrima que moja.

Hoy tengo poco efectivo.

2.2.11

Vieja casa

Un tiempo antiguo e ido, que ya no es nada. Un terrible tiempo que nos llega desde fotos. Una sensación de algo que vuela en el polvo de una calle que asfaltaron hace años. El frío amigo de la zanja que entubaron. El brillo inalcanzable de las hojas de los eucaliptus, hoy talados a la mitad. Sus troncos de papel para dibujar mapas entre la corteza. Fierros viejos que se fueron haciendo tierra. Esos rincones que siempre muestran y esconden telarañas, sin importarles quién los mire, quién los barra. Habitantes idos. Y uno mismo ido en el tiempo hacia atrás. Uno que ya es otro. Aquel uno que llega de vuelta en el eco de su voz leyendo un cuento. En las costumbres abandonadas. En lo que uno ya no es. En lo que uno ya no puede ser.

Queremos encontrarnos allí, en los mismos lugares. Nos imaginamos presentes siempre, como impregnados a las paredes.  Como ese tenaz hollín que permanece, casi imperceptible, en las paredes altas. Queremos sacarnos de allí para volver a vernos y conocernos. Pero sólo hay polvo, libros viejos, un juguete roto, ya sin sentido, las fotos que miramos, como si fueran espejos, cada cinco años y medio.

Nada de lo vivo sigue allí. Y menos uno mismo. No hay siquiera un fantasma. Todo lo que allí había ha sido reemplazado, cubierto por la pesada mano del presente. Aunque nos empeñemos en buscar, en rascar las paredes, en escarbar los zócalos, en dar vuelta los almohadones, sólo objetos encontramos, nada vivo. Objetos nuevos y objetos viejos. Cosas más o menos útiles, más o menos reconocibles. Es más real en el recuerdo aquella pelota número cinco, blanca y roja, rota en los gajos, que nosotros mismos.

A veces, muy de vez en cuando, nos despertamos y la respiración es levemente distinta durante once minutos porque sabemos que un rato antes estuvimos allí, estuvimos entonces, con todos los que éramos, con las palabras y las almas aquéllas. Durante esos primeros once minutos el aire que respiramos es fresco porque hemos estado allí, otra vez, vivos.

1.2.11

Carne


Carne.
Miro mis manos y veo carne.
Treinta y siete años de carne.
Éste es un cuerpo que empieza a dar la vuelta.
Carne.

La carne es el material más fuerte.
Más lejano, más noble.

Un tren lejano.
Su luz, su sonido. Un campo.
Es de noche en el campo
y un tren se lleva mi carne.
Carne. Y la cabeza que estalla.
Yo acá no vengo más.
Carne.
Carne y la cabeza que estalla.
Acá.

Acá me escuchan.
Soy fuerte.
Compro, salgo, cazo, cambio.
No comprendo el aroma que hay
acá.

Acá estallo.
Acá no vengo más.


20.9.10

Monstruos del baile


El baile nos acaricia y somos un libro azul.
No te cuento este baile porque ya lo ves.
Poca rosca y poco cable en la danza actual.
¿Qué pasa en esta fiesta que no hay admisión?

Te entiendo y no te entiendo en esta emisión.
Un globo es este mundo pero no soy yo.
Bailo el ritmo en este grupo y doy mi sudor.
No me fíes la bandera de tu situación

No entiendo. No entiendo. No estoy yo. No estoy en este baile yo.
No estoy solo. No compro. No doy.
Hay hombres en esta vida. Hay pocos y uno de ellos soy yo.
No entiendo este mundo tan simple.
No quiero ser como soy.

Hay poco en el mundo.
Hay un mundo.
Hay hoy.



¡Qué poco hay en el baile! ¡Qué poco somos moviendo el cuerpo!
Esta música que surge nos mueve solos, nos dice "estamos solos", nos muestra en el hueco de la habitación.
Te doy mis convicciones. Es poco y no soy yo.

18.7.09

Sin el sol









Ya estoy solo
y soy yo
ya no tengo cajas, bolsas,
no hay luz
Soy ese murciélago
que al sol
sólo busca sombras
para que su vida
siga siempre oscura
y no pierda el rastro
Vueltas en el aire
Vueltas en la noche
Una caza a ciegas
en el aire
sin el sol

Un cuerpo
y dos
dos sombras
son
trascendentes
transparentes
Yo les canto
en la aguja
del reloj
No sabría
nunca
describir
las formas
de un cuerpo
y dos


Imágenes y semejanzas


Dioses de probeta
                        hechos a medida
nos hacen pequeños
                        hombres de madera
siempre esa madera
                        que en el bosque hallo
y quemo en mi forja
                        para el noble acero
con el que hago al dios