28.9.13

Despacio, mujer


Mujer, te llamo muñeca, por bella e inútil.
Mujer, te llamo tesoro, por propia y valiosa.
Mujer, te llamo cosita, por alma de objeto.
Mujer, te llamo ternura, por carne y contacto.
Mujer, te llamo mi cielo, por alta, inabarcable.

Despacio, mujer, no avances.
Despacio, ¡la aspiradora!
Cursitos de vaguedades, las tardes que hablan de modas.
Despacio, mujer, tu caja,
Es ésta, tu casa llena.

No quieras ya ser, mujer,
No quieras, por más que puedas.
El mundo te pinta el rostro,
Te da las alhajas laxas,
Te pide que ocupes sombras.

Despacio mujer, ¡y al sitio!
Que el mundo te adjudica.
No quieras ser más humana,
Dejar las formas barrocas,
dejar de ser mi muñeca.

15.1.12

Uno, dos


Un mar ocupa la mente,
de fuerza desatada.
No encuentro el momento de volver.
Hay un amor por los aires.
Mil amor vuela.
Conozco el temblor súbito.
El aliento entrecortado.
La pérdida de foco.
El ruido de trenes en la cabeza.
Sucede cada tanto. Uno, dos.

Nos alimentamos de pollo muerto
y compu.
Poquito para el cuerpo.
Un pajarito y nada más.

Pero el amor, pájaro, ese amor mil, vuela.

Comprendo el movimiento.
Rota.
Una sola vez estamos vivos.
Y el movimiento rota.
Pobre de aquel, soy yo, que de pequeño y nunca sabe dónde está.

Es un círculo de metal esta vida donde todo sale porque tiene que salir.
Y no es casualidad y mucho menos descuido.
Es la vida lo que va saliendo, minuto a minuto, de los ojos.
Es la vida todo, poco, esto.
Renuncio al carro de la calecita y a ser el pétit cromado que rota.


9.1.12

Tokio

No te entiendo. Vaga letra fija toma sustancia en un lenguaje incomprensible.
Tokio. Letra que es todo. Sueño y figura. Letra que es carne. Idea y pintura.
Tokio, la incomprensible. Tokio que es todo.


Llevo pocos años en tu geometría. Entro y camino por tus bordes. El jugo antiguo surge en tus calles y forma las piedras del edificio. Las autopistas te acuchillan, aplastan tus puentes en la ribera sellada. Y aquellos muertos, solitarios, millones de muertos que te vieron, dan su jugo a las piedras para elevar el edificio.

Y todo crece. Todo es ahora. De ese jugo antiguo, impulso de las piedras, nace hoy todo. De todo lo que fue se forma Tokio incomprensible. Tus muertos se reflejan en el vidrio y suben.

Quizás por haber recién llegado, ya vivo y no muerto, a tu geometría, es que mi cuerpo no llega a ser el cuerpo de tus piedras. Quizás esta belleza incomprensible deba quedarse en mis ojos sin entrar. Camino tus bordes, Tokio, que marcan la forma de tus calles, sin entrar.

Es tu ruido para el sordo. Y es tu luz para el que no ve. Tu suelo es para quien no camina. Es todo lo que das para el que no puede comprender.

Algo se aprende, Tokio, al contemplarte: tu piedra es pulso vivo de tus muertos. Tu forma crece tomando el jugo que dejan ellos al caer.


30.12.11

Tiempo otra vez

El tiempo, el injusto.
Tiempo de estar y de no estar.
Tiempo otra vez.

Por mis venas (nuestras) corre tiempo. Es río de sangre que late y retumba en la aguja.
La sangre es tiempo adentro.
Estos ojitos ven todo y no pueden olvidar el tiempo.
De ellos no sale nada, no hay aliento de ellos.
Estos ojitos, ojos míos, son membranas, de tiempo, mundo, sangre.


Sólo dame tiempo. Un poco más.
(No hay manera de re-escribir esto)

¡Y esas tardes en la ventana de mami, con sus persianas, viendo los autos pasar (el mundo) por la 25 de mayo!

Dame aquél que no viene.
Queda él, y lo veo, una caricia detrás de los ojos.
O, si no, ¿para qué está uno allí parado, membranas abiertas? ¿Para qué aprendió uno a mirar? A mirar y escribir calor de tiempo para la sangre, calor que llega con los recuerdos.

Poco tiempo antes (¿poco?), lo que soy, completo, estuvo en mí. Pudo entrar en mí, y estuvo. Y es doscientas veces más difícil sobrellevar el ser, completo, en la conciencia de la sangre, detrás de los ojos, que en el aire que hace a la mente volar.

Hoy no. Otro día. Déjenme así por hoy.

29.12.11

El valor de las cosas

Una lágrima y un billete de cien dólares.
Una lágrima, una cosa, mil yenes, y la lágrima es humana y puede mojar.


Desde el cuerpo, una cosa, desde el ojo, una lágrima que moja.

Hoy tengo poco efectivo.

2.2.11

Vieja casa

Un tiempo antiguo e ido, que ya no es nada. Un terrible tiempo que nos llega desde fotos. Una sensación de algo que vuela en el polvo de una calle que asfaltaron hace años. El frío amigo de la zanja que entubaron. El brillo inalcanzable de las hojas de los eucaliptus, hoy talados a la mitad. Sus troncos de papel para dibujar mapas entre la corteza. Fierros viejos que se fueron haciendo tierra. Esos rincones que siempre muestran y esconden telarañas, sin importarles quién los mire, quién los barra. Habitantes idos. Y uno mismo ido en el tiempo hacia atrás. Uno que ya es otro. Aquel uno que llega de vuelta en el eco de su voz leyendo un cuento. En las costumbres abandonadas. En lo que uno ya no es. En lo que uno ya no puede ser.

Queremos encontrarnos allí, en los mismos lugares. Nos imaginamos presentes siempre, como impregnados a las paredes.  Como ese tenaz hollín que permanece, casi imperceptible, en las paredes altas. Queremos sacarnos de allí para volver a vernos y conocernos. Pero sólo hay polvo, libros viejos, un juguete roto, ya sin sentido, las fotos que miramos, como si fueran espejos, cada cinco años y medio.

Nada de lo vivo sigue allí. Y menos uno mismo. No hay siquiera un fantasma. Todo lo que allí había ha sido reemplazado, cubierto por la pesada mano del presente. Aunque nos empeñemos en buscar, en rascar las paredes, en escarbar los zócalos, en dar vuelta los almohadones, sólo objetos encontramos, nada vivo. Objetos nuevos y objetos viejos. Cosas más o menos útiles, más o menos reconocibles. Es más real en el recuerdo aquella pelota número cinco, blanca y roja, rota en los gajos, que nosotros mismos.

A veces, muy de vez en cuando, nos despertamos y la respiración es levemente distinta durante once minutos porque sabemos que un rato antes estuvimos allí, estuvimos entonces, con todos los que éramos, con las palabras y las almas aquéllas. Durante esos primeros once minutos el aire que respiramos es fresco porque hemos estado allí, otra vez, vivos.

1.2.11

Carne


Carne.
Miro mis manos y veo carne.
Treinta y siete años de carne.
Éste es un cuerpo que empieza a dar la vuelta.
Carne.

La carne es el material más fuerte.
Más lejano, más noble.

Un tren lejano.
Su luz, su sonido. Un campo.
Es de noche en el campo
y un tren se lleva mi carne.
Carne. Y la cabeza que estalla.
Yo acá no vengo más.
Carne.
Carne y la cabeza que estalla.
Acá.

Acá me escuchan.
Soy fuerte.
Compro, salgo, cazo, cambio.
No comprendo el aroma que hay
acá.

Acá estallo.
Acá no vengo más.